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SUSTITUIR LO VIEJO POR LO NUEVO EN CRISTO

El ser humano posee algo maravilloso: la capacidad de adquirir hábitos con facilidad. Un hábito es un movimiento, pensamiento o reacción realizado vez tras vez hasta que se fija y es parte de la rutina. Por ejemplo, nos ponemos primero el mismo zapato cada día. Al hacerlo de manera distinta sentimos como si hubiera sucedido algo raro.

ANÉCDOTA

Recuerdo la primera vez que visité Gran Bretaña. Allí se conduce sobre la mano izquierda, y los controles del auto están a la derecha. Para mi sorpresa me proporcionaron un automóvil durante el tiempo de mi estadía. Por mi parte, yo nunca había tenido que cambiar velocidades con la mano izquierda, ni había tenido que recordar constantemente de qué lado de la calle debía estar. (Hasta ese momento lo había hecho en forma inconsciente). El primer día todo fue muy extraño porque no estaba acostumbrado. Sin embargo, decidí no darme por vencido, ni dejar el coche. De manera que aunque en mi vida anterior se me había enseñado algo distinto, tuve que hacer las cosas de acuerdo a las costumbres británicas. Después de seis semanas de haber conducido en Gran Bretaña regresé a casa. Volví a conducir mi automóvil, pero volver a manejar sobre la derecha me resultaba confuso, y a los dos días casi tuve un accidente fatal.

Cuando recibimos a Cristo teníamos muchos hábitos ya formados, hábitos pecaminosos, viejas normas. Llegamos al Señor y sentimos gran emoción y el gran alivio de que nuestros pecados estén perdonados;  “Conduciendo un nuevo automóvil”, y todo esto nos sostiene por días, semanas y aún meses. Sin embargo, después de un tiempo, algunas de las viejas tentaciones regresan. Quizá la persona diga: “Yo creí que una vez redimida nunca más iba a tener tentaciones. ¿Qué hago? No quiero hablar con el hermano pastor ni con los ancianos porque seguramente no van a entender. Ellos son gente santa”. Tarde o temprano la persona sentirá que sus oraciones no llegan siquiera al techo. ¿Para qué orar? Luego dejar de estudiar la Biblia, agregando: “No quiero ser hipócrita, por lo tanto voy a dejar de asistir a la iglesia. Siento que aquí en la tierra no puedo vivir en victoria, es imposible que sea creyente en Cristo y que al mismo tiempo, tenga esos pensamientos”.

 

El principio de sustituir. Lo que sucede con nosotros es que salimos del viejo automóvil, entramos en el segundo vehículo pero si no nos quedamos allí el tiempo suficiente como para acostumbrarnos a las nuevas normas en nuestra vida, además no sustituimos las viejas normas de vida por las nuevas normas bíblicas, entonces ahí la tentación y la prueba nos parecerán imposibles de superar.

Pablo explica en Tito 2:11,12: “Porque la gracia de Dios que trae salvación se ha dejado ver de todos los hombres. Y esa gracia nos enseña a decir no a la impiedad y a las pasiones mundanas, y a vivir en este tiempo una vida sobria, justa y piadosa” (NVI). En este pasaje encontramos la palabra “enseña”. En el griego es la palabra “disciplina”. Cuando este término se traduce al español como “disciplina” (Hebreos 12:5-11), significa educar por medio de la disciplina. La victoria requiere una vida disciplinada, que es resultado de la gracia del Señor. No es el tipo de disciplina militar sino una disciplina administrada por la gracia del Señor. Esta disciplina tiene dos caras:

Lo que uno tiene que dejar, aquello a que hay que renunciar y decir un rotundo “no”; y Lo que de acuerdo a la Biblia uno tiene que poner en su lugar.

Encontramos este principio en toda la Biblia. En 1 Timoteo 4:7, Pablo dice: “Ejercítate (disciplínate) para la piedad “. En Isaías 1:16,17 leemos: “Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien”. Es importante notar que el apóstol Pablo tenía que aprender a contentarse (Filipenses 4:11). En 2 Timoteo 3:16, Pablo habla de “instruir (o entrenar) en justicia”. En Hebreos 5:11-13 se nos hace una descripción de los inmaduros. En el v. 14 el escritor define a una persona espiritualmente madura, diciendo: “Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso, tienen los sentidos ejercitados (entrenados, disciplinados) en el discernimiento del bien y del mal”. Según Hebreos, la persona madura ha sujetado sus sentidos a la Palabra de Dios por el poder del Espíritu Santo, a tal punto que discierne bíblicamente. Podemos ver este proceso en 2 Pedro 2:14 donde el apóstol declara que los pecadores tienen el corazón habituado a la codicia. Proverbios 23:12 dice: “Aplica tu corazón a las enseñanzas y tu oído a las palabras de sabiduría”.

Si te propones a sustituir los demás comportamientos por los dados por la palabra de Dios, y te ejercitas para la piedad como lo dice su palabra, veras como se te hace más fácil el caminar y las dificultades que enfrentes serán superadas por el poder del espíritu santo que mora en ti.

Dice el apóstol Juan: “En verdad, en verdad os digo, si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, produce mucho fruto” (Juan 12:24). Consideremos también Lucas 9:23: “Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz cada día y que me siga”. El grano de trigo representa mi deseo pecaminoso. Para poder vencer en el momento de la tentación, mi voluntad debe sujetarse a la voluntad de Dios. El lema ha de ser: morir para vivir. Esto es tomar la cruz, morir al deseo pecaminoso en el momento de la tentación. Pero Lucas exhorta a tomar la cruz “diariamente”. No se gana la victoria haciéndolo una sola vez, sino día a día hasta que produzca nuevos hábitos bíblicos en la vida.

El punto de partida es la mente y lo que en ella tiene lugar. Notemos que se hace referencia a “la mente” (v. 17); “el entendimiento, la ignorancia” (v. 18); “aprender” (v. 20); la “renovación de la mente” (v.23). El apóstol hace resaltar la importancia de renovar la mente mirando las cosas desde la perspectiva de Dios (tanto el pecado como la solución y los recursos para poner en práctica las nuevas normas).

 

 

1 diciembre, 2018

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